EL METRO AÉREO DE CHICAGO.

El Metro Aéreo de Chicago

No se si fueron las muchas películas en las que aparece las que me incitaron a viajar en él o si, por el contrario, hacerlo me condicionó a que aquellas me gustasen más. El metro aéreo de Chicago está presente en Risky Business, dondeTom Cruisse tiene un affair con Rebecca de Mornay; también aparece en El Fugitivo, donde Harrison Ford escapa de Tommy Lee Jones; y también aparece enAlta Fidelidad, junto a John Cussack y una espectacular banda sonora de clásicos del rock. En todas estas películas, el metro es un protagonista más en los títulos de crédito.

Cuando en los años 90 las autoridades municipales de Chicago decidieron remodelar su metro aéreo _ellos lo llaman EL, abreviatura de “Elevated”_ no imaginaron que un movimiento vecinal iba a emprender una dura campaña en su contra. El Ayuntamiento alegaba que mantener estaciones de madera en una ciudad de veranos muy húmedos e inviernos en los que durante 5 meses se acumulan más de 30 cm de nieve era obsoleto, poco funcional e incluso incómodo para los viajeros. Y quizá no les faltasen argumentos.

Sin embargo, para los empleados y vecinos del centro _el Downtown_ aquel ferrocarril vetusto y algo sucio era una parte importante de su Historia y la de Estados Unidos. Había estado vinculado al desarrollo de los rascacielos y los edificios en altura, y también a la época de la Ley Seca, los gangsters y Al Capone, dándole a Chicago aquél aire misterioso y diferente. No querían que aquello que había caracterizado una comunidad se perdiera. Opinaban que trasladarse por entre edificios de oficinas, a casi 10 metros de altura era una sensación especial. E imagino cuan orgullosos se debían sentir los empleados de aquellas oficinas al asomarse por la ventana y ver pasar el traqueteante y ruidoso ferrocarril que dabacarácter al lugar, haciéndolo verdaderamente único.

Tras mucho batallar, aquél movimiento vecinal consiguió cambiar los planes municipales y hoy el metro aéreo de Chicago es un monumento más, como lo son la espectacular Torre Sears o las casas del arquitecto Frank Lloyd Wright en el barrio de Oak Park.

Quizá deberíamos aprender algo de aquellos ciudadanos de Chicago, que pensaron que conservar edificios o instalaciones antiguas era un signo de cultura y de sensibilidad con la Historia. Aquí, sin embargo, derribamos murallas centenarias en las rondas de las ciudades porque no casan bien con la especulación inmobiliaria. Triste.

 

Fidel Piña Sánchez. Arquitecto. www.fidelpina.wordpress.com

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EL TRASERO DE LA SEÑORA Y LA TEORÍA DE LA ELASTICIDAD

Imagen: harwitumharwitum.blogspot.com.es

Uno de mis libros favoritos es “Resistencia de Materiales”, escrito en la primera mitad del XX por un tal Timoshenko, catedrático de la Universidad de Stanford, en Palo Alto, California. En el libro se desarrolla la base científica del cálculo de estructuras, que reside en la Teoría de la Elasticidad. Según esta teoría, si no se sobrepasa un cierto valor de rotura, los materiales recuperan su forma cuando cesa la fuerza que los perturba. Algo así como “según me comprimes, así me descomprimo (ut tensio, sic vis). Habitualmente no percibimos esas deformaciones porque son muy pequeñas: el suelo de la sala se deforma bajo nuestro peso, el tablero del puente se deforma bajo la carga del tráfico de hora punta, y hasta las montañas se deforman bajo las pisadas de los excursionistas. Y todo, en general, recupera su forma inicial.

La verdad incuestionable de esta teoría la pude comprobar hace años en Egipto. Todo el recorrido hasta acceder a la cámara principal de la pirámide de Keops, en Guiza, es ascendente. Funcionando las cosas como lo hacen en aquel bonito país, el único control que el turista encuentra en el monumento es un guarda que comprueba el ticket de entrada, y otro guarda, al final del recorrido en la Cámara del Rey, que se asegura que el personal no cometa vandalismo a la vez que, por unos pocos dólares, le saca una foto a quien quiera meterse dentro de un sarcófago de granito rojo. El recorrido comienza en una estrecha galería de unos 25 o 30 metros, de unos 60 centímetros de anchura por unos 80 de altura y con la dificultad añadida de estar en pendiente ascendente. El ambiente es oscuro y con exceso de humedad de condensación por los numerosos turistas que el monumento soporta.

El caso es que me encontraba en esa parte del recorrido cuando vi venir hacia mí el enorme trasero de una señora que bajaba la galería de espaldas _de culo, vamos. Siendo como era un punto intermedio del recorrido, parecía que ninguno de los dos estábamos dispuestos a desandar lo andado: ella no quería subir, y yo no quería bajar para ceder el paso. De nada sirvieron mis gruñidos ni mis”excuse me, Madam”. Durante unos segundos, su trasero y mi cara se quedaron encajados y comprimidos entre aquellos escasos centímetros de piedra húmeda.

Creo que sólo la Teoría de la Elasticidad evitó que yo muriera aplastado por aquella enorme masa. Bueno, … eso y también la ayuda de un grupo de compatriotas que me empujaron desde atrás adivinando lo que se les venía encima.

Fidel Piña Sánchez. Arquitecto | www.fidelpina.wordpress.com

FIRE EXIT.

“FIRE EXIT”

Cuando viajamos tengo por costumbre_ mi mujer lo define más como “una manía”_ comprobar las salidas de emergencia de los hoteles. Sobre el planito que cuelga de la puerta de la habitación, dedico unos minutos a estudiar la distribución en planta de los pasillos y de los recorridos hasta las salidas por las que evacuar el edificio en caso de necesidad. Después, mientras ellos toman el ascensor, yo suelo llegarme hasta esas puertas, empujarlas y bajar caminando hasta el vestíbulo de la planta baja. En fin, una deformación profesional, supongo.

A veces esas escaleras de evacuación tienen sus puertas abiertas y sujetas con cuñas. Comparto la opinión del Profesor Posadas, redactor de la normativa contra incendios española, de que nunca un objeto tan pequeño como un trocito de madera colocado bajo la hoja de una puerta ha hecho tanto daño a la seguridad de las personas. Una puerta de evacuación abierta deja de cumplir su función de cortafuegos, impidiendo que el recinto que debe proteger _la caja de escalera_ sea un lugar seguro para aquellos que corren desalojando un edificio.

El caso es que mi afición ha llegado a tal punto que hace años en cierto hotel cerca de París_ lugar de moqueta espesa y personal del servicio disfrazado de personajes de Disney decidí _no lo pude evitar_ empujar una de esas puertas sin cuña, rotulada en rojo con las palabras FIRE EXIT y comprobar cómo se lo hacían los arquitectos franceses en esto de la seguridad ante incendios.

De repente pasé del mundo de la magia y la fantasía de cuento infantil a otro distinto, con escaleras de hormigón, paredes de bloque de cemento gris y barandillas de tubo de acero. A un lado el mundo mágico que nos alojaba. Al otro, el mundo “real” que nos protegería en caso de peligro.

Mi sorpresa_ he de admitir que los franceses nos aventajan en esto de la prevención_ fue encontrar al servicio de seguridad del hotel esperándome escaleras abajo. Supongo que no debí advertir la presencia de alguna cámara de vigilancia porque aquellos fulanos trajeados no eran precisamente personajes de Disney.

Fidel Piña Sánchez. Arquitecto. www.fidelpina.wordpress.com

EL TAZÓN DE LA CHINA

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Lo primero que hice, apenas dejar la mochila en el hotel, fue coger la linea 1 del metro hasta la estación de la calle Cortland. Hoy no existe. Desapareció hace 15 años bajo las 110 plantas de escombros de acero y vidrio del World Trade Center.

Las Torres eran el motivo de mi viaje. Yo tenía que subir allá arriba, los techos del mundo, iconos admirados, logros de la ingeniería. Había estudiado los edificios. Sabía cómo funcionaban estructuralmente. Sabía que a partir de determinada altura la presión horizontal del viento _y no la fuerza vertical de la gravedad_ era el único protagonista de los edificios altos, y que éstos se comportaban como grandes tubos incados en el terreno de la isla, con pórticos perimetrales de nudos muy próximos y rígidos.

Tras dejar el lobby, en algo menos de un minuto, el ascensor me dejó en la planta observatorio, la planta 107. La humedad de septiembre limitaba las vistas, y la terraza superior descubierta en la planta 110 estaba cerrada al público. Desde allí, los barcos a lo lejos, la gente y los taxis de color amarillo se movían como a cámara lenta. Una paz indescriptible.

Compré un souvenir. Un tazón de esos con un I love New York xerigrafiado. La vendedora, una amable jóven de rasgos orientales, me devolvió el cambio con una sonrisa y el habitual have a nice day, sir. Exactamente un año y un día después, ocurrió lo que todos sabemos.

Algunas mañanas en la oficina, cuando lleno de café el tazón, recuerdo la sonrisa de la mujer. El avión impactó contra el cuarto superior de la Torre Sur. Dudo que los de la planta mirador pudieran evacuar el edificio.

Fidel Piña Sánchez. Arquitecto. www.fidelpina.wordpress.com

 

 

… para después de la siega

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Son ya unos cuantos años los que ejerzo la profesión, y debo decir que soy muy afortunado. Que salvo alguna extraña excepción, todos mis clientes me han aportado más que yo a ellos, que de todos he aprendido algo, y que con ellos mantengo una buena relación personal. Después de todo, proyectar una vivienda para una familia permite conocer las necesidades y costumbres de ésta, a la vez que crea vínculos más allá de lo profesional.

Algunos de estos clientes son agricultores. De ese tipo de gente que se podría calificar como “de palabra”, para la que un apretón de manos es papel suficiente para zanjar un asunto. Gente trabajadora y sacrificada. Gente dependiente de los ciclos de la naturaleza y del movimiento del Sol.

Pero por alguna extraña razón, todos los agricultores que he tenido como clientes y me han honrado con su confianza, todos _sin excepción_ han pretendido comenzar la construcción de su casa “… para después de la siega”.

Quizá el asunto tenga alguna relación con aquellos tiempos en que el arreglo de la casa en el campo era una actividad más de entre las que hacía el campesino. Cuando se acababa la recogida de la cosecha en junio se aprovechaba para arreglar los establos, repasar los tejados y enjalbegar los tapiales, hasta la llegada de la vendimia en septiembre. Tiempos aquellos de no especialización, donde sembrar, arar y tejar eran todas ellas actividades comunes en el medio rural.

Hoy en día, con la especialización de los oficios en la construcción, no tiene mucho sentido empezar la casa en verano _cualquier época del año es apropiada. Sin embargo, al tratar con estos clientes sigo escuchando aquello de “… a ver si pudiéramos comenzar la obra para después de San Juan, … para después de la siega”.

 

Fidel Piña Sánchez. Arquitecto. www.fidelpina.wordpress.com

 

ESOS VIEJOS EXPERTOS EN MANTENIMIENTO

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Cuando los veo verano tras verano enjalbegar los muros de sus casas humildes, pintar de azul añil sus zócalos, limpiar las cubiertas de teja de malas hierbas crecidas durante la primavera, o regar sus patios y aceras no sólo estoy viendo ancianos preocupados por sus casas: veo una generación de técnicos responsables de mantener la arquitectura popular, el patrimonio que nos ha hecho como ahora somos.

Cuando nuestros mayores encalan las fachadas saben que esa capa de cal es necesaria para impermeabilizar y proteger el tapial de la erosión del viento, de la humedad de la lluvia y de la sequedad del soleamiento. Sin ella, sin esa costra, la tierra apisonada _que no es otra cosa que la tapia _ se desmorona y desintegra.

Cuando nuestros mayores pintan los zócalos con añi,l ocultan su aspecto sucio, protegiendo las partes bajas de las fachadas del polvo de las aceras, de las salpicaduras del agua que escurre rápida por las canales de las tejas de cubierta, y de las humedades de capilaridad que ascienden desde el suelo.

Cuando nuestros mayores limpian _o mandan limpiar_ los tejados de hierbas, evitan la obstrucción de las canales, permitiendo así que el agua de lluvia escape rápida, saltando por los aleros y evitando la filtración directa, su acumulación y la pudrición de las maderas por hongos.

Cuando nuestros mayores riegan los patios y las aceras de las fachadas están generando un microclima que reduce el sobrecalentamiento directo de los suelos empedrados o de arena, bajando la temperatura del aire y provocando pequeñas corrientes de aire fresco.

Cuando los miro verano tras verano no veo ancianos preocupados por sus casas: veo una generación de grandes expertos en mantenimiento de edificios, una generación que desaparecera. Y con ella, … toda su sabiduría.

Fidel Piña Sánchez. Arquitecto. www.fidelpina.wordpress.com

Las humedades de condensación, el Catedrático y Tina Turner

Imagen: Las humedades de condensación, el Catedrático y Tina Turner

Cada vez que escucho a Tina Turner cantar “Steamy Windows” _“ventanas empañadas”_ recuerdo cómo aquel Catedrático de Construcción, al explicarnos el fenómeno de las humedades de condensación, nos decía que éstas solían producirse en cuartos de baño mal ventilados y en los dormitorios de matrimonio orientados al norte. Y tenía razón.

De manera cotidiana, todos experimentamos el fenómeno de la condensación cuando nos duchamos. El vapor de aire caliente acaba depositándose en forma de gotitas de agua sobre todas las superficies “frías” del cuarto de baño. Así el espejo, los azulejos, los aparatos sanitarios y hasta los cristales de las ventanas acaban “empañados”, como en la canción de Tina Turner. Cuando esto ocurre, solemos eliminar la humedad abriendo la puerta del cuarto y provocando una corriente evaporadora de aire _en realidad lo que hacemos jugando con las leyes de la Termodinámica es igualar la presión interior y exterior del recinto.

La condensación es ese fenómeno físico por el que el vapor de agua contenido en el aire cambia de estado gaseoso a estado líquido (las famosas gotitas de agua). La cantidad de vapor de agua que se encuentra en el aire es variable, y su nivel máximo se conoce como nivel de saturación. Cuando el aire se satura no admite más vapor de agua y entonces cambia de estado y condensa. Puede alcanzarse la saturación de dos maneras distintas. Por un lado, para una temperatura dada, aumentando progresivamente la presión del vapor dentro del recinto. Por otro, podemos alcanzar el nivel de saturación siempre que la temperatura del aire descienda hasta un nivel igual o inferior a la temperatura de rocio o cuando el vapor contenido en el aire entre en contacto con superficies que se encuentren a dicha temperatura “fría”.

Cuando los materiales de las paredes y el techo son porosos, como es el caso del yeso, las gotitas de agua tardan más en evaporarse y la humedad acaba manifestándose en forma de pequeñas manchas oscuras de aspecto mohoso, especialmente en los rincones, que son las zonas peor ventiladas.

Para defendernos de este tipo de humedad deberíamos evitar todo aquello que la provoca, es decir deberíamos habitar espacios no saturados de vapor, en los que el aire se renueve adecuadamente. Y, por otro lado, deberíamos utilizar cerramientos bien aislados y sin puentes térmicos, esto es, evitar superficies “frías”.

Sobra decir que en el dormitorio principal de matrimonio se “genera” bastante vapor. Si a eso le añadimos la posibilidad de que se trate de una habitación orientada a norte cuyos muros apenas reciban soleamiento, las humedades por condensación estarán casi aseguradas _como bien decía el Catedrático.

Fidel Piña Sánchez. Arquitecto.     www.fidelpina.wordpress.